Este lunes Ylenia Benito nos dejó una mala noticia sobre la librería Brontë. Anunció que echará la persiana el 29 de agosto.
[¡Libros!, ¡libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’] Son algunas de las bonitas palabras que utilizó Federico García Lorca para inaugurar la biblioteca de su pueblo y que robo para, tristemente, deciros que el 29 de agosto cerraré @BronteLibreria.
— Brontë Liburu-denda (@BronteLibreria) August 3, 2020
¡Qué queréis que os diga! Irun tiene una población de 60.000 habitantes. Dejando a un lado los kioscos y las papelerías, quedan ahora mismo dos librerías: Elkar y Tinta Cómics. Repito: 60.000 habitantes.
La librería ha tenido muchos problemas para tirar hacia adelante y uno de los últimos obstáculos ha sido la imposibilidad de celebrar el Día del Libro el 23 de julio en las calles del pueblo.
Se acerca, para mí, el segundo Día del Libro de este año. El 23 de abril, el confinamiento suspendió todas las Ferias del Libro. El 23 de julio llega el segundo intento, pero tampoco habrá Feria del Libro en #Irun y no hay estado de alarma al que cargarle la culpa. Abro hilo.
— Brontë Liburu-denda (@BronteLibreria) July 14, 2020
Y es que los ayuntamientos son muy hábiles a la hora de poner trabas y más aún luego a la hora de hacer pucheros porque cierra una librería. Pero saben mejor que nadie que una librería pequeña sin presentaciones de libros (debido a la pandemia) y sin salir a la calle a venderlos el día del mismo lo tiene muy jodido. Y si no lo saben, deberían saberlo.
Pero la responsabilidad no es solo de las instituciones: nosotros también debemos dejar de mirarnos el ombligo y saber lo que estamos dispuestos a hacer. Porque es momento de hacer política. Qué más político que decidir dónde vas a comprar tus libros: en tu librería de confianza o por Amazon. Tiene consecuencias.
Y no nos olvidemos que lo que puede ser bueno para el consumidor es malísimo para el ciudadano que todos llevamos dentro.
Voy poco a Irun. Visito a mi madre una vez por semana y poco más.
El martes la convencí y alargamos el paseo para visitar a Ylenia.
Me encontré con Jurdan. Me dijo, entre otras cosas, que había perdido un punto de encuentro tranquilo. Es decir, el típico sitio al que acercarte, pillar un libro y echarle un ojo en el sofá del fondo a la derecha o charlar más o menos animadamente con amigos y conocidos.
Me acordé de la tienda de discos Bertso-Hop. A mí me pilló a comienzos de los 90, con poco más de 20 tacos, y pasé bastantes tardes allí: escuchando música, dando la lata, charlando o escuchando a las y los músicos y musiqueros que se pasaban por el lugar... Lo que es un punto de encuentro en toda regla.
No sabía qué decirle a Ylenia. Qué le dices a una persona cuando sus sueños se topan de bruces con el maldito dinero. Ella me pidió perdón. ¡Ella! Por cerrar la librería.
Le dije que nones: que éramos nosotros los que debíamos pedirle perdón.
¡Mecagüendiez!
Pongamos un poco de música antes de llorar.
Lo haré sin salir de Irun. Y es que Jabier Muguruza ha hecho un disco de versiones titulado Geltokiak izarretara en el que recoge quince canciones que le han marcado. Esta semana escuché, por cierto, el programa que Jose Luis Padron le dedicó en «Lizardiren Baratza» el pasado mes de junio.
Una de esas canciones es Berreziketaren zailtasunari buruz, un texto del poeta Hans Magnus Enzensberger al que Ruper Ordorika le puso música en 1985 en el disco Bihotzerreak. Os dejo con la bonita versión de Jabier.
Se la dedico a Ylenia, por supuesto. Sé que aparecerá por algún lado y que le irá bien, porque se lo merece.
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